miércoles, 11 de julio de 2012

Posible (y perfectible) análisis del soneto:

INTRODUCCIÓN A LA LITERATURA- 2012 EL BARROCO: SONETOS DE SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ.
 II
 Quéjase de la suerte: insinúa su aversión a los vicios y justifica su divertimento a las musas

 ¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
 ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
 poner bellezas en mi entendimiento
 y no mi entendimiento en las bellezas?

 Yo no estimo tesoros ni riquezas,
 y así, siempre me causa más contento
 poner riquezas en mi entendimiento
 que no mi entendimiento en las riquezas.

Yo no estimo hermosura que vencida
 es despojo civil de las edades
 ni riqueza me agrada fementida,

 teniendo por mejor en mis verdades
 consumir vanidades de la vida
 que consumir la vida en vanidades.

 Esta poesía/ la poesía que aquí analizamos/analizaremos pertenece al siglo XVII y su autora es sor Juana Inés de la Cruz, poeta mejicana ( ), representante del Barroco literario, periodo cultural que surgió en Europa hacia….y se extendió también por América.

 La poesía no tiene título y este es un rasgo general de las composiciones poéticas de los Siglos de Oro. Su ausencia presenta el texto sin anticipaciones, como continuación o diálogo ininterrumpido. A pesar de esta ausencia, la poesía tiene dos paratextos que la encabezan: un número romano (II) que reafirma la idea de continuidad/ presenta al texto como parte de una antología, y un epígrafe que anticipa el contenido (referencialidad) y revela una actitud de la poeta/ del yo: la queja.

 En cuanto a su estructura, la poesía consta de dos cuartetos (estrofas de 4 versos) y dos tercetos (3 versos), de versos endecasílabos con rima consonante en los versos pares según el esquema ABBA-ABBA-CDC-DCD. Se trata de un soneto, género ampliamente cultivado en los Siglos de Oro. Pertenece a los sonetos “filosóficos-morales” de sor Juana.

 El tema del soneto es “las vanidades del mundo”, “la aversión a las vanidades del mundo”, “las verdades y vanidades del mundo/de la vida”, tópico característico de la poesía del Siglo de Oro. Las líneas isotópicas que lo construyen tienen dos palabras centrales cuyos sentidos son contrarios: Mundo-entendimiento. Al mundo pertenecen: bellezas, tesoros, riquezas, hermosura; al entendimiento: pensamiento. Los elementos del mundo son vanidades, mientras que el entendimiento y pensamiento son verdades. El recurso estructurante de la poesía es el retruécano que aparece en los versos 4 y 5-7 y 8-13 y 14. Es un recurso característico de la poesía culta y del conceptismo barroco. Su presencia se relaciona directamente con las líneas isotópicas marcadas pues muestra las oposiciones y contrariedades entre las verdades y las vanidades; además, sirve para insistir en el tema, en la cuestión de la que se habla, porque se utilizan las mismas palabras o sus sinónimos a lo largo del poema, por ejemplo, entendimiento, pensamiento, riquezas. La repetición en sus distintas variantes es un recurso importante en el texto y aparece en: el ya nombrado retruécano, la anáfora: “en”, “y” “yo”; reiteración de vocablos en distintos versos, por ejemplo “no”. La anáfora de “en” colabora con la musicalidad del poema; la de “y” presenta los razonamientos en un orden lógico y de manera cohesiva; la presencia anafórica del “yo” carga de subjetividad el contenido del poema, pero además es una marca propia de la poesía de corte individualista, surgida en el Renacimiento. La repetición “no” incide en lo semántico pues se insiste en aquello que la poeta rechaza por vano y pasajero. Otro recurso es la pregunta retórica, con la que se abre la poesía; contribuye a la musicalidad, crea expectativas en el lector y, en este caso, instala en forma de pregunta, el razonamiento que se desarrollará en las siguientes estrofas.

 Las palabras que predominan son los sustantivos abstractos: belleza, entendimiento, riquezas, vanidades, hermosura, que contribuyen a la complejidad conceptista (como el retruécano) y refuerzan la idea de lo pasajero de las cosas del mundo, lo no concreto, inaprensible.

 Los verbos son escasos y están en presente: ofendo, estimo, agrada. El tiempo presente es coherente con el hipotético diálogo que entablan el yo poético y el mundo y permite reconocer el ahora del yo.

 Este yo aparece explícitamente en el texto en el inicio de la 2º estrofa pero antes ya están sus marcas en las desinencias verbales y los pronombres personales: perseguirme, te ofendo, mi entendimiento. Es un yo individual, sin marcas de género, que se dirige a un tú particular pero a la vez colectivo: el Mundo, en un tono imperativo: ¿por qué me perseguís?, ¿en qué te ofendo?

 En este soneto, sor Juana es enérgica/firme en su apelación al Mundo, caracterizado por lo pasajero, lo vano; cuando se dirige a él queda clara la distancia entre el yo y el mundo pues ambos tienen propósitos contrarios. El de ella es alcanzar el conocimiento, según lo dice el texto, pero este también es un rasgo autobiográfico de la poeta, que tuvo que luchar en su época para tener acceso al mismo.

 Las preguntas retóricas iniciales del poema instalan la posición del yo ante el mundo; instalan también el tema que el soneto irá construyendo a través de las estrofas en las que se van sumando los ejemplos de las vanidades del mundo y la posición del yo frente a ese mundo. A partir del planteo inicial, a modo de tesis, el yo va dando los argumentos que la resuelven, en un recorrido lógico propio del género soneto. Se trata de un planteo de carácter filosófico y moral por el que el yo manifiesta su renuncia a las vanidades y su opción por las verdades.

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